El Dandy
El Dandy
1
Unos carros del ferrocarril infantil están estacionados delante del edificio blanco del beneficio de café. Un amplio jardín con árboles y plantas diversas es guardado por un perrazo pastor alemán.
2
Se pasea el perro del otro lado de la malla ciclónica como el amo y señor de aquel jardín. Su cara negra muestra la lengua de fuera. Paso yo junto de él y violentamente le ladro pegándole un susto que inmediatamente se transforma en una colérica reacción por la cual me muestra los dientes y me pega unos cuantos ladridos iracundos.
3
Yo paso por aquí diario en la mañana y con cierta frecuencia le pego tamaños sustotes al perro gritándole de súbito si está ahí sentado detrás de la malla reflexionando en olores lejanos. Y siempre su iracundia es la respuesta, acompañándome del otro lado hasta que camino ese tramo de banqueta frente al edificio, ladrándome no sé qué cosas con harto enojo, hasta que salgo de su campo visual.
4
Pues será el sereno pero ese perro ha llegado a aborrecerme, siempre lo ando sacando de onda, presionando o retando desde el otro lado de la malla. Lo hago enfurecer bestialmente.
5
A ese perro también lo tienen amarrado en horas hábiles y solamente lo sueltan en el predio por la noche por lo que amanece afuera temprano en la mañana. Cuando yo paso. Y eso sí, es un perro de pocas pulgas.
6
Un día cualquiera vengo caminando por la banqueta y dada mi costumbre hostilizante busco al perro y como sucede a menudo no lo encuentro. Sigo mi camino y lo veo cerca de la puerta abatible junto a un humano.
7
La puerta está abierta y el tipo torpemente deja caer la cadena con la cual pretende cerrar los bastidores de malla ciclónica, me descubre el perrazo y adopta una actitud de alerta.
8
Yo me hago el sueco y pretendo no ser yo pero el perro decide que sí soy yo, su molesto enemigo de del otro lado de la malla, que incluso ha llegado a molestarle con un palito.
9
Ante el ataque inminente secreto adrenalina y el maldito perro la huele y se escurre entre los bastidores de la puerta y salta en mi persecución.
10
Mugre perro, me puso una friega cuando me alcanzó justo antes de que yo pudiera saltar el mostrador de una tiendita. Me mordió a placer hasta que llegó el hombre que le sujetó jalándolo del collar y llamándolo por su nombre: ¡Quieto, Dandy, quieto!.
